El duelo no es una enfermedad: es una respuesta natural al amor.
Perder a alguien significativo —una persona amada, una relación, una etapa de vida o incluso una versión de nosotros mismos— genera un dolor profundo que muchas veces no sabemos cómo nombrar. En consulta escucho con frecuencia frases como: “Siento que algo está mal conmigo”, “Debería estar mejor” o “No sé por qué sigo así”. Frente a estas vivencias, es importante decirlo con claridad: el duelo no es una enfermedad, es una respuesta natural al amor y al vínculo.
¿Qué es el duelo desde la psicología?
Desde la psicología, el duelo se comprende como un proceso de adaptación emocional, cognitiva y corporal ante una pérdida significativa. No es un estado fijo ni lineal, sino un camino interno que cada persona transita a su propio ritmo.
Modelos clásicos, como el propuesto por Elisabeth Kübler-Ross, describieron fases emocionales frecuentes (negación, ira, negociación, tristeza y aceptación). Hoy sabemos que estas no ocurren en orden ni de la misma forma en todas las personas. Los enfoques contemporáneos entienden el duelo como un proceso dinámico, donde pueden coexistir momentos de tristeza profunda con instantes de calma o incluso de sentido.
El cuerpo también vive el duelo
El duelo no solo se expresa en pensamientos y emociones. El cuerpo también participa activamente. Alteraciones en el sueño, cansancio extremo, tensión muscular, opresión en el pecho o cambios en el apetito son respuestas comunes. Desde la neurociencia, esto se explica por la activación del sistema nervioso ante una amenaza percibida: la pérdida.
Cuando perdemos a alguien o algo importante, el cerebro interpreta esa ausencia como un quiebre en la seguridad emocional. Por eso, el cuerpo entra en un estado de alerta y vulnerabilidad. Comprender esto ayuda a dejar de juzgar los síntomas y empezar a escucharlos con mayor compasión.
No hay un tiempo “correcto” para el duelo
Una de las creencias que más sufrimiento genera es la idea de que el duelo debería tener una duración determinada. Frases como “ya pasó suficiente tiempo” o “debes ser fuerte” suelen invalidar el proceso interno.
Cada duelo es único porque cada vínculo es único. La profundidad del dolor suele estar relacionada con la importancia del lazo, la historia compartida y las circunstancias de la pérdida. Acompañar el duelo implica respetar el tiempo interno de la persona, sin apresurar ni forzar una supuesta recuperación.
¿Cuándo el duelo necesita acompañamiento terapéutico?
Si bien el duelo es una respuesta natural, hay momentos en los que el acompañamiento profesional puede ser profundamente reparador. Algunas señales que indican que podría ser útil buscar ayuda son:
- Sensación de estancamiento o vacío persistente
- Culpa intensa o autorreproches constantes
- Aislamiento social prolongado
- Ansiedad elevada o síntomas depresivos que interfieren con la vida diaria
- Dificultad para retomar actividades básicas
La terapia no busca “eliminar” el dolor, sino ofrecer un espacio seguro para sostenerlo, comprenderlo e integrarlo de manera saludable.
Un ejercicio breve de conexión
Te invito a realizar este ejercicio sencillo:
- Busca un lugar tranquilo y siéntate cómodamente.
- Coloca una mano sobre tu pecho y otra sobre tu abdomen.
- Respira lento y profundo durante unos minutos.
- Pregúntate con amabilidad: ¿Qué parte de mí está necesitando cuidado hoy?
No busques respuestas inmediatas. A veces, solo escuchar ya es un acto de sanación.
Acompañar el duelo es un acto de amor
Transitar un duelo no significa olvidar ni dejar atrás lo vivido. Significa aprender a integrar la pérdida en la historia personal, dándole un nuevo lugar interno. Desde una mirada terapéutica, el duelo puede convertirse en un proceso de profundo autoconocimiento, resignificación y crecimiento emocional.
Si estás atravesando una pérdida y sientes que necesitas acompañamiento, recuerda que pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
Referencias breves:
Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying.
Worden, J. W. (2009). Grief Counseling and Grief Therapy.
APA (2020). Duelo y pérdida.